Mi profesión de origen es como menciona el maestro Esteve con relación a los maestros de secundaria o enseñanza media, alejada de una preparación docente profesional, aunque no me ubico dentro de los “medievalistas”, es decir los investigadores que describe y que son capaces de sacar profundos conocimientos de viejos rollos olvidados, escritos en lenguas muertas; más bien, en mis inicios, me sentía como menciona al principio del texto, con miedo a no dar bien la clase, o a que mis alumnos trataran de hacerme ver mal, poniéndome en evidencia por mis limitados conocimientos.
Por otro lado, siendo sincero, entré a la profesión más por una conveniencia económica, que por una verdadera vocación por el magisterio; por esta situación, al principio de mi actividad docente sufría mucho al entrar al salón de clases. No me sentía preparado ni en los conocimientos de la materia, ni en técnicas docentes, y como lo indica el maestro Esteva, se resume en ser especialistas en comunicación humana y de grupos. Claro que esto así de sencillo como se dice y como parece, resulta ser bastante difícil, solo la práctica te lo enseña.
Sin embargo como lo mencione en mi primera narración, pasando el tiempo, y más con instinto y ganas de superarme, que con una preparación formal (que si la he tenido a través de los programas de actualización docente impartidos en mi plantel), he logrado realizar mi trabajo, según yo lo veo, de una manera digna, y he pasado del aburrimiento y las preocupaciones, a la satisfacción personal y profesional. Nunca había tenido la oportunidad de reflexionar a este respecto, pero al leer el texto, concuerdo con lo relatado por el viejo maestro de Esteva. “enseñar al que no sabe está catalogado, oficialmente, entre las obras de misericordia”, supongo por lo tanto que al realizar mi trabajo, sin darme cuenta, estoy haciendo el bien, y eso me satisface.
Por otro lado, como el autor menciona, muchos consideran que ser profesor no es algo socialmente relevante, puesto que se valora más el poder y el dinero, sin embargo, yo realmente aprecio este trabajo, y me considero privilegiado, principalmente, cuando mis ex alumnos me saludan con afecto, y me comentan lo mucho que les sirvió lo que les enseñé.
Gracias a mi trabajo he tenido muchas oportunidades singulares, el llegar a estar en contacto estrecho con tantos jóvenes me ha permitido entender mejor a mis semejantes, los jóvenes de bachillerato son tan difíciles de entender, y sin embargo, no son tan difíciles de tratar, a mi solo me ha bastado tratarlos con respeto, y con interés sincero, ellos se dan cuenta de ello, y responden igual. Como dice el maestro Esteva, mis alumnos no son enemigos de quienes tengo que defenderme. Al contrario, en cuestiones de disciplina son bastante razonables, ya no son niños, después de todo, y si tengo la razón en algo, y se los demuestro, no se encaprichan en hacer su voluntad.
De entre mis satisfacciones, las que más me llenan es el sentimiento de sentirme útil a mis alumnos, de saber que la paciencia rinde sus frutos, y que con ella he logrado que algunos que encontraban difícil algún tema, lo han logrado entender. Son los alumnos con problemas de aprendizaje, y no los destacados, los que te ponen a prueba como maestro. Como dice el autor hacer que los conocimientos se hagan accesibles, responder sin humillar, explicarles un rato después de tu hora de salida, es lo que te permite realizarte como un buen maestro.
De entre mis insatisfacciones, como dije, no las reconozco como tales. En algún momento me queje del bajo nivel con que vienen de la secundaria, pero como dice el autor eso de nada me sirve, más bien necesito retomar lo elemental, repasarlo un poco, por que a final de cuentas si no lo hago, ellos no avanzarán y yo tampoco, y me quedaré estancado refunfuñando peleando contra la nada. No está en mis manos cambiar el sistema educativo, pero si está en mis manos, ayudar a los alumnos que tengo, si no lo hago me sentiré mal y volveré a sentirme aburrido y preocupado.
domingo, 14 de diciembre de 2008
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