domingo, 14 de diciembre de 2008

Mi confrontación con la docencia

Soy arquitecto de profesión, egresado de la Universidad Veracruzana, estudié en la ciudad de Xalapa en el periodo de 1992 a 1997, obtuve mi titulo y cédula profesional cursando los estudios en la Especialización de Construcción, impartida por la Unidad de Estudios de Posgrado de la misma universidad en el periodo de 1997 a 1998.

A partir de allí mi actividad laboral estuvo enfocada en el área de la construcción trabajando en varias empresas constructoras, se puede decir, que eran trabajos relativamente eventuales, puesto que en la industria de la construcción no siempre hay actividad, se depende mucho de los gobiernos y de su manejo presupuestal, así estuve por mucho tiempo, por un periodo corto trabajé en una constructora, pero en el área de proyectos, el sueldo en la industria de la construcción no es muy bueno pero el trabajo si es muy difícil, no había fines de semana ni vacaciones.

En el año 2005 entré al CBTIS 48 de Acayucan, Veracruz, ocupando un lugar, gracias a que mi padre se jubiló después de 32 años de servicio. Actualmente tengo 19 horas de asignatura, prácticamente estoy empezando mi labor docente, todavía estoy lejos de lo que algunos de mis compañeros en la especialización llevan de servicio docente. Imparto las materias de matemáticas de cuarto, quinto y sexto semestre, que son Cálculo, Probabilidad y Estadística y Matemáticas Aplicadas. Por necesidad, la escuela me ha asignado a impartir la materia de inglés.

En un principio, se me hizo muy difícil ser profesor de matemáticas, sentí que no tenía los conocimientos suficientes, y menos la experiencia como para enfrentarme a un grupo. Además, en realidad, en un principio no me atraía mucho la posibilidad de ser maestro, no me desagradaba tampoco, pero no creí que fuera tan buena la experiencia, la realidad me superó.

Me siento muy contento siendo profesor, es un trabajo retador y difícil, pero para nada aburrido. Por otro lado considero que tengo muchos beneficios, paso más tiempo con mi familia, tengo vacaciones periódicas, y lo más importante, es un trabajo digno y dignificante. Puedes cambiar la vida, si es que no de todos, sí de un buen número de tus alumnos. Al enseñar he terminado aprendiendo, de otros profesores y de mis alumnos.

Enseñar a jóvenes de nivel medio superior ha sido también muy gratificante desde el punto de vista de crecimiento personal, en este nivel los muchachos pasan por muchos cambios, están en busca de su propia personalidad. Algunos son retraídos y otros son extrovertidos en exceso, además es la edad en que van adquiriendo sus vicios y sus virtudes. Es cierto que no podemos intervenir en la vida de todos ellos, pero de alguna manera, algunos de ellos se te van a acercar, algo de tu personalidad les inspira confianza, y la verdad, ellos están buscan a alguien con quien hablar, y que no necesariamente sea uno de sus compañeros de clase. Posiblemente ellos buscan un consejo de alguien mayor, y muchas veces no se acercan a sus padres, quizá temiendo que van a ser regañados, o que no los van a entender.

Y ahí está, el profesor, más al alcance que su propio papá o mamá, quizá por su trabajo o actividades. Entonces, tú tienes el compromiso de darles una buena orientación, escucharlos, sin juzgarlos, y hacerles ver que a final de cuentas en sus padres, por muy ocupados que estén tienen la mejor ayuda.

Es gratificante trabajar con estos jóvenes que en muchas cosas siguen siendo niños aunque no lo sean, y que quieren ser adultos, aunque estén muy lejos de serlo. Es satisfactorio ver sus cambios, como entran al primer semestre, y como salen del sexto. Como cambió su manera de ver la vida. Al inicio asustados por el reto de entrar a bachillerato, pero enfocados más en el juego y las bromas. Al final, más seguros, con bromas más pesadas, pero ya saben que nada se les va a regalar, que los que creyeron eso ya no siguieron estudiando por falta de interés, o se les tuvo que dar de baja por bajo rendimiento.

Saben que cuando se les pide alguna actividad, la tienen que hacer, no porque el maestro los va a reprobar, sino por que les va a servir. Saben, aunque no te lo reconozcan, que no eres su enemigo, sino su colaborador, que no eres mala onda, como ellos dicen, sino que eres justo. Te empiezan a respetar si eres congruente entre lo que dices y lo que haces. Te reconocen cuando eres tolerante y flexible cuando es necesario.

Yo de la profesión de maestro no tengo ninguna insatisfacción como tal, no hay nada que me desagrade de enseñar. En todo caso si alguna insatisfacción tengo, trato de pasarla por alto. Si he tenido alguna insatisfacción ha sido, en todo caso, por situaciones que están fuera del aula en sí. Algún maltrato, o alguna falta de consideración de alguno de mis compañeros no han sido suficientes para echarme a perder el gusto y el privilegio que tengo de enseñar. En todo caso mis compañeros en su mayoría me han reconocido como alguien dedicado a mi labor y comprometido con la calidad de mi enseñanza. Saben que no voy a perder el tiempo al aula, los alumnos que he tenido dan testimonio de ello.

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